Los lunes generalmente son un día que a nadie le gustan, para Mi Galaxia de Colores, todos los lunes son muy buenos, pues cada semana nos reunimos en el centro de San Diego y repartimos alimentos preparados a los indigentes locales. Usualmente, para estar a tiempo con todos los alimentos listos para entregarse, llegamos a las 6:30 PM y en media hora todo tiene que estar ya servido en recipientes para a las 7:00 PM empezar a repartir. La gente llega una hora antes y comienza a formarse, muchas veces la fila le da toda la vuelta a la cuadra, nunca sabes cuantos van a ser, eso es muy emocionante y a la vez muy preocupantes, pues no se sabe si lo que se trajo vaya a ser suficiente para todos. Desde que llegamos a servir, hasta que repartimos el último plato de comida nos toma aproximadamente una hora y media, tomando en cuenta que le damos alimento a 280 a 350 personas y hasta un poco más.

Este último lunes estuvimos ahí como siempre, preparándonos a tiempo como cada semana para servir, la única diferencia fue que nosotros solo éramos 6 personas cuando mínimo se necesitan 12 personas para poder atender a toda la gente que estaba esperando en la fila. Todos observamos a las personas, nos levantamos las mangas y cada quien tomó su puesto. Teníamos solo los 30 minutos de siempre para servir los platos, así que tuvimos que redoblar esfuerzos, pues no teníamos suficiente personal para servir los platillos, preparar los postres y llenar alrededor de 500 vasos con diferentes opciones de bebidas. Fue un poco estresante pero no nos dejamos vencer pues había cientos de personas que contaban con nosotros.

Llego la hora de servir, mientras los indigente iban por la diferentes estaciones recibiendo su plato de comida, su postres y su bebida, ellos pasaban felices y agradecidos saludando como siempre a todos los voluntario. Nosotros estábamos como soldados enfocados en hacer las entregas lo más rápido posible y así poder atender al mayor número de personas en el menor tiempo posible. Pero a pesar de todo, siempre ofreciendo una sonrisa de bienvenida a cada uno de los que pasaba.

Regularmente asignamos a alguien para encargarse de poner bolsas y recoger la basura, pero éramos tan pocos y era tanta gente que ni tiempo nos dio para encargarnos de eso. Ya casi al final, al levantar la mirada pudimos ver que el lugar parecía un campo de batalla, pues estaba lleno de platos, vasos y servilletas por doquier. Pero aun así continuamos con nuestra labor y seguimos sirviendo para dejar al final la limpieza. Pero de repente, al ofrecer el último plato, los indigentes se dieron cuenta de toda la basura tirada y de que éramos un equipo muy pequeño, y poco a poco se fueron reuniendo para ayudar a limpiar. De un lado habían 3 personas, por otro lado habían 4 más, y 5 más por allá. Fue una escena impresionante que en los 7 meses que llevamos sirviendo a esta comunidad, no habíamos visto algo similar y tan conmovedor. La gente que fuimos a servir, ahora estaba sirviéndonos.

Fue entonces que nos dimos cuenta de su agradecimiento, no podemos fallarles, llueva, truene o relampaguee ahí tenemos que seguir estando para ellos cada lunes. Ellos cuentan con nosotros y es muy gratificante ver como de alguna manera podemos darles un momento de gozo y bendición en medio de su dificultad. Ya somos parte de la familia.

Somos muy afortunados de haber repartido en estos 7 meses aproximadamente 10,000 cenas para los indigentes de nuestra comunidad. Pero necesitamos recursos, manos y corazones dispuestos a servir.

 

 

 

 

 

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