Hagamos composta a cambio de paz mental, entretenimiento y una estrellita en la frente, mientras salvamos al mundo una acción a la vez

 

En temas ambientales, como en todos los aspectos, esta pandemia ha agudizado los contrastes. Por una parte, con el encierro hemos visto con alegría, fotografías de todo el mundo que muestran cielos más limpios, mares y ríos más azules, y animales recuperando sus hábitats naturales; por otra parte, también hemos visto la producción desmedida y en aumento de basura: supermercados que ya no te permiten llevar tus bolsas reutilizables, cafeterías que dejaron de aceptar tus termos, y restaurantes que ofrecen comida para llevar, utilizando montones de plásticos y empaques de un sólo uso, con el objeto de darnos a sus clientes una sensación de limpieza y seguridad. Todo esto es suficiente para darnos un ataque de ansiedad.  Si a eso agregamos que ahora tenemos la acumulación de nuevos deshechos, como son cubrebocas, guantes, lentes de protección, protectores faciales, trajes de protección, envases de gel antibacterial, de aerosol desinfectante, de cloro, etc., la situación se vuelve mas preocupante. 

 

Quizás sobre las decisiones de los negocios y las reglas de la “nueva normalidad” sientas que no tienes mucho control, pero ¿qué tal sobre la comida que compras para tu casa? Resulta que los Estados Unidos es el líder mundial en desperdicio de alimentos; desechando anualmente alrededor de 40 millones de toneladas de comida de acuerdo con los datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA); es decir, se desperdician aproximadamente 219 libras de alimentos por persona al año. Esto representa entre el 30 y el 40 % de la producción de alimentos del país, que termina en su mayoría en rellenos sanitarios. 

 

Si esos datos no te conmovieron, te cuento que de acuerdo con los datos de la Agencia de Protección al Ambiente (EPA) en Estados Unidos, una familia promedio de cuatro personas, tira a la basura el equivalente a $1600 dólares al año en frutas y verduras. 

 

¿Pero sabes qué? Preocuparse sólo sirve para hacernos pasar un mal rato, por eso te propongo que hagamos algo divertido, sencillo y altamente benéfico: HAGAMOS COMPOSTA. 

 

¡Como, no sabes que es composta? La composta es simplemente la mezcla de materiales orgánicos que fomenta su degradación y descomposición, y la convierte en abono fértil para nuestras plantas. 

 

¿Qué dices? ¿La idea de hacer composta no te parece divertida, ni sencilla? 

 

¡Vas a ver! Te voy a ensenar la forma más fácil de hacerla.

 

 Hay muchos tipos de composta, pero hoy te voy a enseñar a hacer COMPOSTA SECA: 

 

Sólo necesitas 3 cosas: 

  • Un recipiente
  • Residuos orgánicos (también llamados ingredientes verdes, aunque pueden ser de colores)
  • Ingredientes Secos (también llamados ingredientes color café)

 

El recipiente puede ser desde un hoyo en la tierra, una maceta grande de barro sin pintura, un costal, un huacal (las cajas de madera o plástico en las que llevan la fruta/verdura los proveedores al supermercado), o incluso un balde al que le hagas perforaciones para que deje pasar el aire.

 

Los ingredientes verdes son los residuos orgánicos y pueden incluir: cáscaras y restos de fruta y verdura, cascarón de huevo, restos de café o té, granos y semillas, entre otros.

 

Los ingredientes cafés deben estar secos, y pueden incluir: hojas, ramitas, pasto, flores, cartón sin pintura, filtros de café, bolsitas de té, cartón de huevo, viruta de madera y aserrín, entre otros. 

 

¡Ahora sí, manos a la obra!

 

En un recipiente que ya tengas en casa, como puede ser un tupper o ese bote de las palomitas de Disneyland que guardaste de tu Grad Nite (de seguro tienes uno así), ve guardando lo que vaya sobrando como la cáscara del plátano, los restos del café de la mañana y las primeras hojas de la lechuga que te parecieron feas y no las incluiste en tu ensalada.

 

También tendrás que juntar las hojas secas del jardín; si tienes niños en casa, ellos pueden ayudar con esta actividad. Si no tienes jardín, puedes pedirle algún vecino que te guarde las hojas de su jardín o las puedes buscar en tu parque local. 

 

Ya que tengas tus “cafés” y tus “verdes” listos, comienza poniendo en el recipiente que hayas elegido, una capa abundante de hojas secas y después una capa de residuos orgánicos y así sucesivamente como si estuvieras haciendo una lassagna, siempre terminando con una capa de secos. Recuerda siempre tapar tu composta con alguna lona o malla-sombra para evitar que se le acerquen mascotas curiosas o insectos no deseados. 

 

Después de unos días, y cuando hayas llenado tu recipiente compostero, deberás comenzar a revolver su contenido cada dos o tres días. Te darás cuenta de que ya no vas a distinguir tus residuos orgánicos, los cuales al empezar a degradarse junto con las hojas secas empiezan a tomar un color café obscuro, con un olor que va cambiando de olor a bosque y transformándose finalmente en tierra con su característico olor a tierra mojada.  

 

El proceso completo toma de entre 4 a 6 semanas y mientras esperas que quede lista tu primera composta, puedes iniciar otra. 

 

Ya que el proceso de compostaje haya producido tu tierra fértil, puedes ponerla en el pasto de tu jardín, en tus plantas o incluso puedes convertirlo en un negocio y venderla, convirtiendo tu basura en dinero. 

 

Anímate a hacer composta y hazlo un proyecto familiar. Salvemos al mundo con una acción a la vez. 

 

¿Te digo un secreto? La Gente Bonita hace Composta 😉

 

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